Podría calcular la frecuencia del contacto establecido por nanosegundo cada vez que tú y yo, soluciones erróneas del problema, nos damos a un mismo tiempo para tratar de solucionarlo. Hallando mil incógnitas que no importan. Tratando de encontrar alguna relación en miradas/tiempo, para llegar a calcular las que ya te he echado, y que me falten infinitas para contar las que me quedan por darte.
Pero yo, que hace tiempo sólo acepto a la intensidad como unidad de medida, me he rendido. No hay parámetros capaces de acotar lo que ocurre cada vez que me miras, una jodida vez a la semana.

El chocolate, la música, los libros con portadas bonitas, las películas, las fotos, el mar, la lluvia, la nieve, los zapatos, los pendientes, el otoño, las fresas, los cacahuetes y su sonrisa.