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si quieres bailamos
»domingo, 16 de enero de 2011 @ 12:48
Él tenía esos ojos que me hacían sentir como si me ahogase, esa sonrisa que no se iba ni con la resaca y ese remolino que hacía que la gente dijese que era rubio. Él, que siempre había creído que todo era tan fácil, cuando se cruzaba con una pena de más miraba al cielo como si la cosa no tuviese remedio, igual que me miraba a mí. Tenía esa mirada que traspasaba la mía y me llegaba hasta lo más profundo como un rayo de sol, a la vez que me torturaba lentamente para verme morir por ella. Y tenía también ese corazón sin vacíos que llenar. No le quedaba sitio para mí.