Es como si te dicen que las hadas no existen, que los sueños no se cumplen, que los amigos te fallan, que el amor no existe, que las promesas se rompen, que el Ratoncito Pérez es de mentira, que Cenicienta y el príncipe no fueron felices para siempre...
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»domingo, 28 de marzo de 2010 @ 20:15
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»sábado, 27 de marzo de 2010 @ 14:58
Quizás no te has dado cuenta, pero llevo un tiempo algo cansada de forzar sonrisas y fingir que todo va bien. Puede que la sobredosis de Häagen Dazs me esté afectando; de todas formas busco inútilmente esa sonrisa, esa mirada, y para colmo llueve.
Dirás que soy idiota, porque mientras estoy tirada en este sofá en el mundo ocurren millones de atrocidades. Sí, en algún lugar una mujer estará siendo lapidada, un niño se estará muriendo de hambre y una familia estará siendo explotada en un oscuro taller para que nosotros podamos tener esas cosas que tanto nos gustan. Pero es que para mí la peor guerra es la de mi sensatez contra tus miradas, qué le voy a hacer... Yo mientras tanto sigo aquí sentada, viendo la vida pasar. Esperando que algún día te des cuenta. Y para colmo, llueve. |
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»jueves, 25 de marzo de 2010 @ 17:13
Dicen que soñar es gratis. Mienten. No existe nada más caro que soñar. Porque después de cada sueño, viene una decepción. Puedes soñar con ser feliz, que cuanto más triste es tu vida, más te duele haber soñado con la felicidad, más sufres. Puedes soñar con un bonito futuro, pero no te das cuenta de que nunca lo vas a tener. Y sufres cuando ves que tu presente no es aquel que en un pasado quisiste que fuese tu futuro. O quizás tu sueño sea estar entre sus brazos, tocar su pelo, mirarle a los ojos y susurrarle un "te quiero" al oído, pero si lo piensas bien, eres tú la primera que sabe que es mentira. Él no es para ti y nunca lo va a ser. Así que no sueñes, es caro, duele.
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»lunes, 22 de marzo de 2010 @ 18:13
¿Todos tenemos un precio? Yo no valgo una mierda, ¡pero ni por todo el chocolate del mundo me vendo!
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»domingo, 21 de marzo de 2010 @ 19:38
A la del corazón invernal nunca le habían dicho que la querían, él tampoco se lo dice. A la del corazón invernal le duele el corazón de primavera, pero no quiere obligar a nadie a contestar un forzado: “yo también te quiero”.
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»viernes, 19 de marzo de 2010 @ 17:12
“No me importa si el lunes está azul, el martes gris y el miércoles también. El jueves, no me importas. Es viernes, estoy enamorado.
El lunes, puedes estar extenuado. El martes, el miércoles, decepcionarme. El jueves ni siquiera comienza. Es viernes, estoy enamorado.” |
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»miércoles, 17 de marzo de 2010 @ 21:19
Y es que ya no me vale cualquiera, no, para nada, no vale cualquiera. ¿Y cuando te hartas de esperar? ¿Qué haces entonces? Pues mala suerte chica. Allá te las compongas, como dicen las señoras de mi pueblo.
Sufriendo en silencio, exteriorizando poco, muy poco o directamente nada. Siendo feliz, a ratos. Pasando las noches en vela, abrazada al amigo que siempre estuvo contigo. Es que no puedes hacer nada. Salvo... esperar. ¿Por qué? Así somos todos, así somos nosotros, para eso estamos inventados. ¿Para qué si no? |
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»martes, 16 de marzo de 2010 @ 21:08
Y después de mucho tiempo aprendí, que hay cosas que es mejor no aprender.
¡SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE! |
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»lunes, 15 de marzo de 2010 @ 21:08
Se hizo rutina el dolor, los pies sin el suelo, la piel sin el tacto. Sucede que a veces la vida mata y el invierno saca su revólver y te encañona las costillas.
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»viernes, 12 de marzo de 2010 @ 21:06
Somos una máquina más que está aquí para intentar ser feliz durante el tiempo que alguien, algo o la nada ha programado. Caemos y recaemos en las mismas trampas y engaños una y otra vez, cometemos errores, a veces los arreglamos...
Somos muy complejos, pero a la vez de lo más simples, creemos saberlo todo pero no sabemos nada, queremos tenerlo todo y perdemos oportunidades. |
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»lunes, 1 de marzo de 2010 @ 14:23
Cómo podía romperse el corazón de una persona irreparablemente y aún así seguir adelante, preparando el café, comprando sábanas, haciendo camas y asistiendo a reuniones. Se levantaba, se duchaba, se vestía, se acostaba, pero una parte suya había muerto. En otros tiempos ella se había preguntado cómo era posible vivir así, lo que despertaba en ella era una curiosidad morbosa. Ahora lo sabía. Sencillamente se seguía viviendo. El corazón seguía latiendo y se negaba a dejarte morir. Seguías caminando, hablando y respirando aunque por dentro estuvieses deshecha.
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El chocolate, la música, los libros con portadas bonitas, las películas, las fotos, el mar, la lluvia, la nieve, los zapatos, los pendientes, el otoño, las fresas, los cacahuetes y su sonrisa.