Ella le mira directamente a sus ojos grises diciendo; que no le bastaría tener amnesia para olvidar aquel momento, que su mayor sueño es poder ser un día de su vida, que no hay nada que no daría por alargar aquel momento, que no hay azul más azul para ella que cuando él la mira, que pediría más horas de él de las que caben en un día, que moriría por conocer todos y cada uno de sus secretos, que nunca habría pensado que hubiese algo tan dulce en su voz, que se muere por que él sepa que se muere por sus besos.
Él la mira directamente a sus ojos, llorosos por anticiparse a su mirada, diciendo;... No, no, espera; él ni siquiera la ha mirado.
Dicen que una mirada vale más que mil palabras; ella le mira y él no entiende nada.
