Y es que ya no me vale cualquiera, no, para nada, no vale cualquiera. ¿Y cuando te hartas de esperar? ¿Qué haces entonces? Pues mala suerte chica. Allá te las compongas, como dicen las señoras de mi pueblo.
Sufriendo en silencio, exteriorizando poco, muy poco o directamente nada. Siendo feliz, a ratos. Pasando las noches en vela, abrazada al amigo que siempre estuvo contigo. Es que no puedes hacer nada. Salvo... esperar. ¿Por qué? Así somos todos, así somos nosotros, para eso estamos inventados. ¿Para qué si no?
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»miércoles, 17 de marzo de 2010 @ 21:19
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El chocolate, la música, los libros con portadas bonitas, las películas, las fotos, el mar, la lluvia, la nieve, los zapatos, los pendientes, el otoño, las fresas, los cacahuetes y su sonrisa.