<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/2535300190231058043?origin\x3dhttp://fading-juliet.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>
si quieres bailamos
»sábado, 27 de febrero de 2010 @ 21:06
Más veces de las que debería, me pregunto; ¿qué diferencia hay entre el amor y la lluvia?
No, no intento hacer el típico chiste de "¿En qué se diferencian...?" Simplemente me asalta la duda.

El amor es como la lluvia porque aquel que no quiere caer bajo sus efectos se esconde de él, tras su paraguas. Pero aún así, por mucho que lo intente, los pantalones y los playeros se siguen mojando, por la debilidad. Y acaba cayendo bajo su poder.

Se asimila porque no sabes cuando va a caer y cual de las gotas te tocará. Puedes tener predicciones meteorológicas, pero tampoco aciertan siempre.

¿Y qué es lo que pasa cuando uno se moja demasiado? Pilla una pulmonía. Celos, discusiones y desconfianzas son los que crean esta enfermedad que te quita las ganas de todo.

¿Y yo? Yo me quedo en casa “veo” una película. A mí la lluvia ya me mojó suficiente escuchando El adiós... Y no creo que se seque nunca.