Él era un puntito pequeñito en medio del torbellino inquieto de las personas que miras pero no ves. Pero la diferencia era que a él no podía no mirarlo, porque lo veía de cualquier modo. Debo ser muy pequeñita, porque ese puntito pequeñito servía para llenar todo mi ser.
Ahora no hay torbellino que valga, Barcelona entera es un puntito diminuto. Antes lo habría olvidado todo por él. Ahora lo he olvidado todo, menos a él. Y no querría quererle, ni haberle conocido. Tengo mucho, muchísimo miedo. Y empieza a doler vivir.
