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»sábado, 26 de marzo de 2011 @ 20:14
Desperté en mitad de un silencio sobrecogedor y me senté en la cama, apoyando los pies descalzos en el suelo, tan conscientemente, tan premeditado, que podría haber molestado a cualquiera. Pero a mí me reconfortaba. Me hacía sentir viva dentro del silencio que inundaba la casa. Hasta el techo. Y yo en medio de esa corriente que me llenaba los pulmones con su nada. Ahogándome. Sin remedio.
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El chocolate, la música, los libros con portadas bonitas, las películas, las fotos, el mar, la lluvia, la nieve, los zapatos, los pendientes, el otoño, las fresas, los cacahuetes y su sonrisa.