
|
»sábado, 12 de febrero de 2011 @ 15:06
Sentada en el portal más cutre del casco antiguo, con la nariz a lo Rudolf, los labios rajados por el frío y el viento cortándote la cara, sintiéndote insignificante. Pero de pronto llega él, el tío equivocado. Te llama como no te tiene que llamar. Te mira como no te tiene que mirar. Te dice dos palabras, las que no tendría que decirte. Y entonces te sientes menos insignificante, pero te das cuenta de dos cosas: que nuestra historia no fue la más bonita y que soñar es de críos.
![]() |
El chocolate, la música, los libros con portadas bonitas, las películas, las fotos, el mar, la lluvia, la nieve, los zapatos, los pendientes, el otoño, las fresas, los cacahuetes y su sonrisa.