<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/2535300190231058043?origin\x3dhttp://fading-juliet.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>
si quieres bailamos
»viernes, 23 de abril de 2010 @ 21:31
El amor llega como una bofetada inesperada, un golpe en el estómago, una tormenta furiosa que descarga sobre tu cabeza sin piedad. Extraño, se instala en tu vida sin pedir permiso, echa raíces, te amarra a él sin preguntarte y cubre tu corazón con una coraza que, a pesar de ser irrompible, termina por derretirse cuando el dolor, esa parte mala del inquilino, te acuchilla, de delante hacia atrás, desde el pecho hasta la espalda. A veces, incluso la empuñadura. Y esa coraza hecha lava te quema, levanta ampollas, te hace llorar y retorcerte de pura rabia e impotencia. ¿Lo peor? Que siempre vuelve, feroz, cruel, pero sobre todo, esperanzador. Porque una vez has amado y sufrido, resulta imposible hacerte inmune a él.