Que quieras montar tu mundo de colores y vida feliz en un mundo imaginario siempre va a ser tu problema. Que puedes ir más allá, que cierres despacito la puerta y te escabullas. Las cosas se ganan, no te las regalan por fin de curso. Vas. Cambias. No te crees capaz de volver a intentarlo. Recuerdos caóticos se acumulan momento tras momento en algún lugar que cada día ocupa más espacio. No sabes cómo hacer para darte cuenta. Pero es que te está comiendo la cabeza. Porque sí. Porque no disfrutas. Todo es un horario, tus vacaciones de verano, el iPod con batería y las zapatillas amarillas. Que no me cuentes rollos tía. Que seguiré sin fingir lo que no soy porque no me lo creo. Que beberé hasta que me olvide de todo, que me comeré tanto chocolate como cabe en el mayor estante del Corte Inglés y que me comeré tantos regalices como caries tengo en las muelas. Que te dejes llevar. Que pienses, no calcules. Que salgas, no programes. Que todo esto ya llega a ser crispante. Tú cuadricula. Mientras tanto, yo seguiré esperando.
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»miércoles, 20 de enero de 2010 @ 22:29
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El chocolate, la música, los libros con portadas bonitas, las películas, las fotos, el mar, la lluvia, la nieve, los zapatos, los pendientes, el otoño, las fresas, los cacahuetes y su sonrisa.