Según mi amigo Juan, todos pasamos por malas rachas, por esos llamémoslos
momentos de los que pensamos que nunca saldremos, en que realmente nos damos cuenta de que somos débiles y que necesitamos tener garantías de que vamos a ser felices con continuidad, de que todos estos putos problemas que aparecen solos y que no sabemos quién los crea van a terminar en un futuro cercano. También según él, tenemos dos opciones: esconder la cabeza como las avestruces y hundirnos hasta que alguien nos saque de ahí -en el hipotético caso de que le importes a alguien-, o intentar gritar, aunque te sientas como la protagonista de Titanic más de una vez, que grita en una sala abarrotada de gente y nadie llega a escucharla nunca. Frío polar o te derrites por dentro, pero al menos no le joderás la vida a nadie por gritar, al contrario de lo que pienses.
No puedes hundirte, tienes que intentar encontrar una salida, escalar la pared o cavar un agujero.
He cumplido, a la mierda todo.
